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El miedo es un cuarto oscuro: Aprendiendo a ver con claridad en tiempos de incertidumbre
«El miedo es un cuarto oscuro donde revelamos nuestros negativos.»
Esta poderosa metáfora fue creada por uno de mis estudiantes durante una presentación sobre la ansiedad. Recuerdo bien sus palabras, que hoy cobran incluso más sentido que entonces.
Aunque la imagen pueda parecer anticuada en plena era digital, sigue teniendo una fuerza impactante. El miedo, como un cuarto oscuro, puede hacer aflorar lo peor de nosotros si no lo comprendemos. Pero también es una emoción natural, necesaria para la supervivencia y la protección.
En esta entrada quiero reflexionar sobre el miedo: cómo lo vivimos, cómo lo gestionamos y cómo podemos comenzar a enfrentarlo con más conciencia, especialmente en un mundo saturado de noticias, opiniones y ambigüedad.
El miedo: nuestro aliado y nuestro carcelero
El miedo suele surgir ante la incertidumbre, el peligro o la amenaza. Nos ayuda a protegernos, a estar alerta. Pero cuando no lo gestionamos adecuadamente, puede volverse inapropiado, contagioso y destructivo.
Muchas veces, nuestras reacciones frente al miedo se basan en experiencias pasadas. Si, por ejemplo, fuiste perseguido por un perro y escapaste corriendo sin consecuencias, puede que adoptes la estrategia de la huida ante cualquier situación similar… incluso durante toda la vida. Pero esa estrategia no siempre será la mejor.
En otras ocasiones, nuestros miedos no se basan en vivencias propias, sino en lo que otros nos han contado o en cómo vemos que reaccionan quienes nos rodean. Pensemos en el pánico colectivo durante los primeros días del COVID-19. No fue solo miedo al virus, sino también a la escasez, amplificado por los medios y las redes sociales.
El condicionamiento del miedo
Nuestras respuestas al miedo suelen ser reacciones condicionadas. Aprendidas. Las interiorizamos a través de la familia, las amistades, la escuela y las experiencias previas.
Pero lo que nos sirvió una vez no tiene por qué ser útil siempre. Si el miedo nos lleva a evitar sistemáticamente todo lo que nos incomoda, terminamos encerrados en una burbuja: nuestra famosa zona de confort.
En un mundo donde abundan los titulares polarizados y las verdades absolutas, tendemos a aferrarnos a lo que refuerza nuestras creencias. Eso nos da seguridad. Pero, ¿estamos realmente buscando la verdad o simplemente calma emocional?
Un pequeño experimento
Haz ahora un pequeño ejercicio de observación emocional. Lee las siguientes afirmaciones y observa cómo reaccionas:
Ahora pregúntate:
Este ejercicio no busca que elijas una afirmación, sino que observes cómo piensas y desde dónde decides.
Mindfulness en la resolución de conflictos
El año pasado tuve la suerte de presentar un póster sobre mindfulness y enseñanza de idiomas en un congreso académico organizado por la Universidad de Zaragoza. Uno de los talleres más inspiradores fue el de un mediador de conflictos que utiliza el mindfulness para abordar disputas muy complejas: religiosas, políticas, étnicas…
Su enfoque parte de una idea simple pero poderosa: la escucha activa y el silencio. Cada grupo expresa su verdad mientras el otro escucha sin interrumpir. También se invita a las personas a detenerse, conectar con sus emociones y sensaciones físicas, o incluso representar sus verdades mediante esculturas humanas simbólicas.
A veces, este proceso despierta empatía. Comienzan a ver que, detrás de sus posturas, hay un deseo común: proteger a los suyos, sentirse seguros, vivir en paz.
Y si no hay avance, el mediador da un paso más audaz: les propone encontrar la mentira escondida en su verdad. Este ejercicio suele abrir puertas. Al reconocer el componente ilusorio de nuestras creencias absolutas, también podemos ver algo de verdad en la perspectiva del otro.
Crear espacios para respirar
En este mundo sobrecargado de información, es fácil sentirse abrumado. A veces necesitamos desconectar, apagar el ruido y encontrar un espacio donde respirar. Ese tiempo a solas, en silencio, puede ser sanador.
El miedo no es el enemigo. Pero debemos aprender a distinguir entre un peligro real y uno imaginario. Muchas veces, el miedo se basa en suposiciones sobre el futuro. Un acrónimo útil en inglés lo resume así:
FEAR = Future Expectations Appearing Real (Expectativas futuras que parecen reales).
Estar alerta puede ser positivo si implica estar consciente, sabio y compasivo. Pero si surge del miedo irracional, se vuelve destructivo.
Por eso, yo reescribiría el conocido eslogan gubernamental para que dijera:
“Mantente conscientemente alerta. Protege tu salud mental y la de los demás.”
Un camino más consciente
El miedo siempre estará con nosotros. Lo importante es cómo lo tratamos. La práctica del mindfulness nos invita a:
Cuando nos sentamos con nuestro miedo y lo observamos con claridad, surge una comprensión profunda. Desde ahí podemos actuar de forma más coherente, más humana.
Y quizá, así, logremos construir un mundo un poco más sabio y compasivo, para nosotros y para quienes nos rodean.
Gracias por leer.
Si este texto te ha hecho reflexionar o si quieres saber más sobre cómo trabajar el miedo desde la conciencia plena, estaré encantado de saber de ti. Puedes contactarme para talleres, sesiones o simplemente para compartir tu experiencia.